¿Cuáles son los miedos más frecuentes en las mujeres?
Me parece que todos los miedos, especialmente en las mujeres, parten de uno central: el miedo al desamor. El desamor nos deja abandonadas, solas, desamparadas…aniquiladas, despojadas de nuestra posibilidad de Ser.
Vivimos en el miedo cuando no nos amamos, cuando no tenemos confianza en nosotras mismas, cuando no sabemos lo que realmente queremos y vivimos únicamente a través de los deseos o la vida de los demás, sean hijos, pareja, amigos/as…Cuando nuestros valores y creencias son los colectivos y no han sido procesados por nuestra individualidad, o son los valores que nos dieron en nuestra infancia, cuando nuestra posibilidad de ser está marcada desde el exterior a nosotras mismas y son otros los que nos dicen cómo y quién debemos ser.
Todo eso nos hace vivir en el miedo. Por una razón: no vivimos en y con nuestra piel. Y siempre surgirá el temor y el miedo de no ser eso que el exterior espera, siempre el miedo a no ser amada si no se responde a las expectativas de los demás.
En la mayoría de las mujeres, ser aceptada y amada tiene mucho que ver con su atractivo en general y especialmente el físico. Llevamos siglos interpretando el papel de ser objeto de deseo para el hombre. Por tanto, su miedo al desamor está unido al miedo a perder ese atractivo, con lo que se extiende a miedo a perder la belleza, a dejar de ser joven, a hacerse mayor, a las arrugas…Existe la creencia que, para ser aceptadas, o somos mujeres atractivas y siempre jóvenes o somos madres cuidadoras que son necesitadas (¡¡¡porque una madre ya no necesita ser atractiva claro!!!). Cuanto más permita una mujer que sea el exterior quien marque y le diga cómo y quién debe ser, más entrará el miedo en su vida, más temerá ser ella misma y más adoptará una actitud controladora, pues el miedo y el control, van inexorablemente unidos.
Me parece necesario hacer una distinción entre dos tipos de mujeres:
mujer “tradicional” que vive con un patrón de dependencia económica y emocional y mujer “emancipada e independiente” separada o que vive sola guiada por un patrón de independencia económica (lo que no siempre equivale a autonomía emocional).
El tipo de vida y de creencias de cada mujer marcan y diferencian sus miedos e inseguridades.
En el primer caso (mujer de patrón tradicional) los miedos fundamentales serán los relacionados al abandono, a quedarse sola, a buscar por sí misma el sustento, al síndrome del “abandono del nido” por parte de los hijos, miedo a salir al mundo..
El patrón de dependencia está sostenido por una baja autoestima y por una falta de desarrollo del sentimiento de existir por ella misma. La necesidad de ser aceptada y de ser reconocida por parte de su entorno se convierte entonces, en la clave para sentirse alguien y dotar de sentido la vida.
En el segundo caso, las mujeres que “se han hecho a sí mismas”, pueden aparentar no tener miedo a nada, pero suele ser no real. Bajo la coraza emergen los miedos a mostrar su vulnerabilidad, a entregarse en el amor, a perderse o anularse en una relación, a quedar sometidas, a perder su libertad. No les resulta fácil encontrar el equilibrio entre ser ellas mismas y mantener su libertad, y comprometerse en un vínculo.
Muchos de los miedos limitadores de la mujer están anclados en la inseguridad profunda y el desconocimiento de lo que verdaderamente son. Pero esto a su vez tiene que ver con siglos donde el discurso ha sido negador de lo femenino, asociando a este término una pasividad extrema en todos los niveles, a no tener voz, a no expresar emociones (especialmente la rabia y los enfados), a no expresar su sexualidad. Se ha asociado lo femenino al sometimiento y al silencio. Los miedos de las mujeres ahora tienen que ver con salir de esos patrones y expresar lo que son, sin ser condenadas al desamor o la soledad siendo tachadas de raras, poco femeninas, o “taradas mentales”.
Hay que rescatar el término de la femineidad y de ser mujer, dotándolo de la fuerza y el poder que se merece.
Creo que todavía es una tarea pendiente, sentir, integrar y amar lo femenino en nuestras vidas y sobre todo en nuestros cuerpos. Lo femenino tanto en hombres como en mujeres ha sido terriblemente herido y necesita ser sanado. Y sanará cuando las mujeres curen con paciencia y amabilidad sus propias heridas. Entonces los miedos no serán limitantes sino retos de superación o una función de adaptación que avisa de peligros.
¿Cómo gestionar nuestros miedos?
El miedo puede suponer tres cosas: un aviso, una herramienta o una limitación.
Son un aviso cuando se trata de miedos reales y nos señalan de un peligro. (Por ejemplo, si tenemos que caminar al lado de un gran precipicio). Es la función de supervivencia sana de los miedos.
Son una limitación cuando nos damos cuenta de que son irracionales y no tienen que ver con la realidad. Son miedos que nos bloquean en el desarrollo de lo que somos, y en la consecución de nuestros deseos. Los miedos neuróticos surgidos de profundas inseguridades.
Son herramientas cuando convertimos los miedos en medios o retos para nuestro crecimiento y evolución.
Cuanto más nos acerquemos a permitirnos ser, más anclados estaremos en nosotras mismas y menos poder tendrán los miedos sobre nosotras.
Los potenciadores o antídotos de los miedos son nuestras creencias. Y son éstas las que nos ponen a la defensiva al considerar y creer algo como una amenaza. Por tanto, uno de los puntos importantes para desmontar los miedos, es revisar y construir un buen sistema de creencias que nos ayude a transformar nuestros miedos.
Un buen sistema de creencias debe estar basado en:
- Trabajar con unos mismo un buen autoconocimiento. Una revisión exhaustiva de las creencias que conservamos de nuestra infancia. Valorando lo que nos sirve y nos resulta positivo y lo que no. Debemos pasar por “nuestros estómagos” cada creencia y sentir cómo nos sienta, seleccionando lo que para nuestra vida y nuestro ser nos vale.
- Tu sistema de creencias debe estar basado en la confianza de la vida.
- Debe ser un apoyo para vivir mejor.
Por ejemplo, podemos “instalar” la creencia de que toda experiencia nos va a potenciar, que podemos decidir y elegir aprender lo más positivo, pase lo que pase, en cada experiencia. ¿Cómo imaginamos que vivirá una persona que cree profundamente esto? Reflexionemos un poco sobre ello. ¿Vivirá en el miedo? O ¿tendrá la fuerza para confrontar el miedo, y convertirlo en un reto y en un medio para su evolución y crecimiento? ¿no le ayudará a vivir más abierta y confiada?
Vivir sin miedo limitante significa que se ha construido e integrado unas creencias que generan confianza en la vida y en uno mismo. Podemos vivir y actuar no desde el miedo sino con el miedo y convertirlo en un reto y en una llamada profunda al deseo de SER.
Tener miedo es humano, y nos avisa de peligros, pero cuando son una limitación para vivir, eso supone un problema y es ahí donde debemos actuar.
¿Hay técnicas cotidianas para manejar nuestros miedos?
Las técnicas en lo cotidiano sirven si hay una base previa de reflexión y autoconocimiento acerca de lo anteriormente expuesto. Es necesario conocer nuestros miedos e inseguridades si queremos actuar sobre ellos. A veces sólo nos limitamos a evitar la situación que nos genera miedo y al final ya no recordamos que eso nos asusta. La evitación junto con el control son las reacciones al miedo. Cada mujer debe ver si esas reacciones le sirven o le limitan en su vida.
Evitar las situaciones que generan miedo, suele causar cierta relajación a corto plazo, ya que nos quita la angustia de tener que afrontar una situación que vivimos como amenaza. Pero hay que saber, que la evitación a medio y largo plazo hace empeorar nuestra capacidad de poder confrontar el miedo, e incluso hace que el miedo se haga mayor y se generalice a otras situaciones, pues al evitar la situación en el fondo me estoy confirmando que no soy capaz de superar mi miedo y crea más inseguridad en mí.
Veamos algunas herramientas interesantes para confrontar nuestros miedos:
- Reconocer el miedo. Hacerlo consciente. Posponer o procrastinar realizar algo suele ser uno de los recursos que usamos cuando tememos enfrentarnos a una tarea que nos asusta.
- Hacer un ejercicio de imaginación con la peor fantasía de ese miedo. Preguntarnos ¿qué es lo peor que puede pasar? Visualizarlo y fantasearlo.
- Los miedos pueden derivar en ansiedad y ésta en ataque de pánico. Entonces tienen un componente corporal que puede agravar las sensaciones de inseguridad como taquicardia, hiperventilación, sudores, temblores, diarrea, entre otros. Será necesario conocer estos síntomas, familiarizarse con ellos y comprender que no son síntomas graves, sólo asustan porque la mente los interpreta equivocadamente. Hay que perder el miedo a los síntomas físicos del miedo. Porque ese es el tema “se acaba teniendo miedo al miedo”.
- Trabajar y realizar ejercicios que nos den conciencia corporal para reconocer nuestras tensiones, saber cómo respiramos, cómo sentimos, es de ayuda en situaciones de miedo y ansiedad.
Pensemos que la confianza y seguridad en uno mismo, tiene mucho que ver con el cuerpo y cómo nos sentimos en él. Son nuestros pies los que nos sujetan a la tierra y eso da confianza.
Por ello, aconsejo que se haga algo con el cuerpo: estiramientos, danza, aeróbic, caminar, correr…. El cuerpo es pieza clave para nuestra orientación y confianza personal. Así, en una situación de miedo o de estrés estar conectado al cuerpo y tener recursos para contrarrestar las reacciones al miedo es fundamental. - Las afirmaciones positivas, son un instrumento sencillo e interesante para cambiar nuestro sistema de creencias. Se trata de crear frases cortas y simples en primera persona, en positivo (nunca utilizar el “no”: por ejemplo “yo no tengo miedo”) y en presente: “siempre tengo una elección”, “tengo fuerza: suelto la necesidad de controlar”, “cualquier cosa que me suceda me ayuda a crecer”, “la vida nunca se equivoca” etc…
Busca la frase adecuada para ti y repítela mentalmente o en voz alta al despertar, en la ducha, cuando nos arreglamos, en el coche… (Como dice la canción de Serrat: “hoy puede ser un gran día”).
El miedo siempre suele ir acompañado de la necesidad de control. Y eso conlleva la anticipación. Ahí se instalan muchos miedos. Cuando anticipamos creyendo saber lo que nos pasará en esa situación que tememos. Por lo tanto, tratar de estar en el presente y observar lo que sucede aquí y ahora. es otro buen antídoto para el miedo. - Y por último la meditación también puede ser un recurso para vencer el miedo, ya que ayuda a educar la mente y a que ésta no se disperse con pensamientos irracionales y anticipatorios. A través de la meditación acallamos la mente, y eso es de gran valor cuando debemos enfrentarnos a una situación que nos asusta. También nos ayuda a estar en el presente.
No olvidemos que precisamente lo que hace a un hombre valiente es su miedo, si no tuviera miedo ¿qué valor tendría su valentía?